Me lo dijeron una vez:
-Vos pensás en el San Juan de 2.035. Pero… ¿existirá San Juan?
No me cabe dudas. San Juan existirá.
Lo que tengo dudas es si sólo será un mercado consumidor de todo tipo de bienes y servicios y productor de pocos productos primarios o será un Estado con identidad, independiente y vigoroso.
Me lo dijeron una vez:
-Vos pensás en el San Juan de 2.035. Pero… ¿existirá San Juan?
No me cabe dudas. San Juan existirá.
Lo que tengo dudas es si sólo será un mercado consumidor de todo tipo de bienes y servicios y productor de pocos productos primarios o será un Estado con identidad, independiente y vigoroso.
¿Le parece excesivo plantear la vida en forma de opciones tan terminantes?
Veamos.
Integración es una palabra de moda en el mundo.
Todos hablan de la “aldea global”.
Los europeos, tras siglos de guerras y desencuentros, hoy están felices con su Unión.
Los norteamericanos pretenden seducir a algunos países con el NAFTA.
Acá, en el extremo austral, cada tanto desempolvamos la idea del MERCOSUR.
Y no nos vamos tan lejos.
Entre nosotros, hablamos del Nuevo Cuyo.
O de la necesidad de integrarnos conla Cuarta Región chilena.
En fin, quién más quién menos, todos comprendemos que no podemos vivir aislados.
Los pueblos nos necesitamos.
Nadie pretende renunciar a los avances de la tecnología, de la medicina, de la ciencia…
Como también aspiramos a tener nuestra porción en la torta del turismo, en los mercados internacionales, en la radicación de capitales.
Ahora bien… ¿Qué significa integración?
¿Tenemos los sanjuaninos un concepto claro de lo que encierra esta palabra?
No hace mucho nos dijeron que integración significaba “apertura de mercados”.
Claro, no dijeron que la apertura era de “nuestros” mercados pues el mundo no está dispuesto a regalar los mercados propios.
Es así como llegaron muchas cosas de afuera.
Algunas necesarias, que dieron un gran impulso a la economía, que actualizaron la tecnología.
Otras, absolutamente innecesarias, absurdamente importadas, obscenamente adquiridas.
Fue así como el país se endeudó y las empresas de servicio –incluidas algunas estratégicas- se regalaron, mientras los argentinos celebrábamos viajando alegremente por el mundo como nuevos ricos que no saben en qué gastar su dinero.
Pero esta apertura de la que hablamos no sólo fue en la economía.
También se dio en la cultura.
Fuimos pioneros en la adquisición de nuevas modas, en la incorporación de tecnologías no siempre necesarias, en ofrecer escenarios a cuantos artistas quisieran venir.
Entregamos los ávidos hábitos consumistas de nuestra juventud para que adquirieran una cultura basada en las hamburguesas, la música en inglés, la ropa de marcas foráneas, los jueguitos de los Cyber y hasta las adicciones de variado tipo.
Y es acá donde debemos hacer un alto en la tarea descriptiva.
Integración, señores, es una palabra que puede ser peligrosa para una sociedad si no va acompañada por otra palabrita: identidad.
Integración sin identidad es, simplemente, absorción.
Y nuestros gobiernos desertores se han preocupado durante muchos años por vaciar de contenido a la palabra identidad.
Y en esta tareas no son sólo responsables quienes han gobernado sino también quienes desde la oposición simplemente se oponen a lo que consideran “una entrega” cuando lo que tendrían que hacer es formular un plan para integrarnos pero preservando lo nuestro.
Integración significa recibir pero también dar.
Yo recibo tu cultura pero te transmito la mía y ambos nos enriquecemos.
Integración no es estupidizarnos frente a un televisor con la televisión satelital, ajenos a lo que ocurre en nuestra sociedad.
Integración no es cantar en inglés sino recibir todo lo que el mundo pueda darnos en materia artística pero al mismo tiempo hacer conocer lo nuestro al mundo.
Integración significa viajar pero también recibir turistas, aceptar capitales extranjeros pero al mismo tiempo tener acceso a los mercados del mundo, manejar nosotros los tiempos en los que se incorpora una tecnología.
Claro, comprender este fenómeno con todo lo que implica la palabra integración con identidad es mucho más complejo que simplemente abrir nuestros mercados.
Significa conocer y afianzar nuestras raíces, tratar de recuperar nuestro pasado, empezar a integrarnos internamente, valorar lo que tenemos, estar convencidos de lo que hacemos…
Integración más identidad, significa buscar novedosas formas de asociación para explotar nuestros recursos, nuestros mercados, nuestra capacidad exportadora.
Si logramos esto, advertiremos que la integración no es un remedio mágico como algunos nos hicieron creer. Ni tampoco un veneno como otros pretenden inculcarnos.
Si dejamos de lado preconceptos y afianzamos nuestra identidad, veremos que el mundo nos respetará mucho más, que la integración será más madura, más intensa, con mayores posibilidades de futuro.
Seamos conscientes que esto no se logra de un día para el otro.
Pero es necesario que comencemos a esclarecer las ideas.
Que dejemos de lado tanto los cantos de sirenas como los paladines del atraso.
Los países que lo han logrado, ocupan hoy un lugar en el mundo.
Los que no lo entendieron, viven en el atraso o, simplemente, fueron colonizados.