Si yo pudiera elegir qué hacer en mis últimos optaria por volver a vivir los momentos que fueron más importantes en mi vida.
Por ejemplo, el día que me sentí realmente enamorado, la emoción del primer beso enamorado, el día del casamiento, el nacimiento del primer hijo, la emoción del primer auto, o cuando nos entregaron nuestra primera casa…
Uno se olvida de los momentos más importantes de la vida pero están ahí, a flor de piel.

Oiga… ¿no le aburre hablar siempre de los mismos temas?

En los últimos tiempos los argentinos estamos obsesionados por temas que nos dividen, nos enfrentan o nos preocupan en demasía.

“Harto ya de estar harto” una noche decidí cambiar la temática y puse sobre la mesa que compartíamos con seis amigos una pregunta que en realidad suponía un ejercicio para pensar.

—Si hoy les dijeran; te quedan exactamente quince días de vida… ¿Cómo invertirían ese tiempo?

Al principio las respuestas fueron en tono jocoso. Del estilo de:

—Seguro que no lo gastaría en una mesa como ésta hablando de los temas que siempre hablamos.

—Volvería a fumar.

—Sacaría un crédito de 50 mil pesos y me iría de farra.

—Yo invertiría los 50 mil pesos enla Graciela Alfano.



*   *   *


Pero pasado ese primer momento jocoso, alguien comenzó a hablar en serio.

—Yo haría un viaje con mi mujer y mis hijos, tratando de pasar el mayor tiempo posible juntos—, dijo uno de los amigos.

—Pero… ¿les dirías a ellos que te quedan quince días de vida?—, le preguntó otro.

—No, porque en ese caso el viaje sería un velorio.

—Y si no les decís… ¿qué te hace suponer que tu vida sería diferente a la de todos los días? Los chicos querrían hacer su vida, tu mujer te haría los mismos planteamientos que te hace habitualmente…

—Sí no se los decís sería como las últimas vacaciones que las pasaste discutiendo con los chicos porque volvían de los boliches al amanecer…—, opinó un tercero.



*   *   *

De pronto uno de los amigos encontró una alternativa diferente al tema.

—Si yo pudiera elegir qué hacer en esos quince días, al menos cinco quisiera utilizarlos en charlar con mi viejo que murió hace diez años.

—Ah… si pudiéramos volver atrás yo también opto por volver a estar aunque sea unas horas con mis padres—, dijo otro amigo.

—En ese caso más que conocer lugares nuevos yo optaría por volver a vivir los momentos que fueron más importantes en mi vida.

—¿Por ejemplo?

—El día que me sentí realmente enamorado, recuerdo que me parecía flotar en una nube y que todo era más bello, los colores eran más intensos, la gente sonreía…

—Es cierto. La emoción del primer beso enamorado es inolvidable, como lo es también el día del casamiento…

—Hablando de emociones… ¿Se imaginan volver a vivir el día del nacimiento del primer hijo…?

—A mi me encantaría volver a vivir un día que vino River a San Juan y mi abuelo me llevó a la cancha. Ese día para mí fue mágico…

—Uno con los años se olvida pero la emoción del primer auto, o cuando nos entregaron nuestra primera casa… también fueron únicas.



*   *   *

Así siguió la charla por largo rato.
Los Kirchner, el agro, el Cleto, los cambios ministeriales, los discursos políticos, la inflación, la inseguridad, el horario de los boliches,,, todo había desaparecido.

Seis amigos estábamos hablando de un tema mucho más importante: cómo quisiéramos vivir nuestros últimos quince días. Alguien dijo:

—Nunca hablamos de estos temas… De nuestros recuerdos, de nuestras emociones, de lo que realmente nos importa.

Otro amigo puso la nota filosófica:

—Es que en las cosas simples está lo que realmente nos importa. Y las cosas simples no son noticia…

 

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