Si me preguntaran qué obra considero fundamental concretar cuanto antes, mucho antes del 2035, por supuesto, no dudaría en responder: -Una gran fosa donde enterrar para siempre la frase: “Y bueno… somos así”.
Mientras no logremos que todos los sanjuaninos-entendamos bien, todos- hagamos carne en cada uno que tenemos cosas comunes que debemos respetar, nuestra calidad de vida estará seriamente cuestionada. Independientemente de las obras públicas o privadas que se hagan.
Alguien dirá:
-Es imposible que todos practiquemos el difícil arte de convivir con igual responsabilidad.
De acuerdo. En ese caso le agregaría algunas palabras a mi frase inicial:
-Una gran fosa donde enterrar para siempre la frase: “Y bueno… somos así”. Y que quien no esté dispuesto a cumplir con sus responsabilidades de convivencia sea castigado como corresponde.

El “Y bueno… somos así” lo escuchamos todos los días:
Un jovencito de 15 años le saca el auto a su papa y uno escucha a muchos (incluido el papá) decir: “Y bueno… son cosas de chicos”.
Un señor anda con su auto con luces quemadas, sin seguro obligatorio y con el carnet de conducir vencido y hasta el policía lo justifica: “Y bueno… el pobre no tiene para comprarse un auto nuevo”.
Un señor –o una señora- prende su cigarrillo en una confitería y cuando protestamos el dueño del local dice: “Y bueno… no puedo perder a todos los clientes que fuman”.
Miles de causas penales ni siquiera se investigan y aunque los jueces se tomen el mes de feria todo enero, las vacaciones de julio y no trabajen el fin de semana, se escucha siempre el argumento: “Y bueno… no damos abasto”.
Un motociclista lleva a su mujer y tres hijos (todos sin casco) en una moto y si uno les dice algo, generalmente escucha: “Y bueno… ¿cómo quieren que me movilice?”.
El ciclista, en cambio, no quiere colocar un simple ojo de gato en su bicicieta pero pasa sin problemas ante el agente de tránsito: “Y bueno… si le quitamos la bicicleta en qué va a ir a trabajar”. O sea, es mejor que lo mate un camión.
El “trapito” que cuida el coche en la puerta de un boliche, nos exige 5 pesos. Si nos preguntan por qué aceptamos pagarle, casi todos contestamos: “Y bueno… si no le pago me raya el auto”.
En el banco nos hacen hacer una cola de dos horas cuando existe una ley que obliga a atender dentro de los 15 minutos. La explicación es “Y bueno… todos quieren venir a la misma hora o el mismo día”.
El comerciante nos quiere dar dos caramelos por el vuelto pero no acepta como pago esos mismos caramelos: “Y bueno… la culpa no la tengo yo sino que faltan monedas”.
Llamamos al 911 por un asalto y nos atienden en Mendoza. Si nos quejamos nos explican: “Y bueno… las líneas están saturadas”.
Rompemos el amortiguador del auto por uno de los 58 mil cráteres del pavimento y encima debemos escuchar: “Y bueno… el pavimento tiene 70 años”.
Un comerciante ocupa la vereda con su mercadería. Si nos quejamos a la municipalidad nos dicen: “Y bueno… faltan inspectores”

No podemos continuar justificando todo porque “somos así”.
Educar, concientizar y capacitar es hacerle entender a la gente que nuestros actos, forman parte de nuestra cultura. que nuestra educación, se ve en nuestras acciones cotidianas, que la responsabilidad de ser mejores como sociedad no es solamente del Estado, ya que hay muchísimas actitudes que dependen de uno mismo.
Concientizar es corregir los malos hábitos, es convivir con igualdad de derechos en una comunidad urbana.
Nuestra calidad de vida, mis amigos, no depende de una obra pública más o menos.
Calidad de vida es, por ejemplo:
Que nuestras veredas estén en perfecto estado y que los prestadores de servicios (electricidad, gas, agua) no puedan romper las baldosas cada vez que se les ocurra. Quien abre una zanja debería arreglar toda la vereda. O buscar la forma de que no sea necesario romper veredas cada vez que se presenta un problema.
Que no sigan contaminándonos visualmente con cables y postes en lugar de planificar servicios subterráneos. Que podamos asistir a un espectáculo deportivo sin miedo a que nos mate un vándalo disfrazado de barra brava.
Que las calles no sean un muestrario de pozos, baches y trampas para el automovilista.
Que volvamos a sentirnos seguros cuando caminamos por las calles y que se combata a la delincuencia en serio. Entre otras cosas, que la Policía reciba nuestras denuncias y actúe.
Que confiemos, como en otros tiempos, en instituciones fundamentales como la justicia, la policía, el periodismo.
Que a nadie se le ocurra hacer un piquete o cortar una calle para que se escuchen sus problemas personales o de pequeños grupos.
Que el transporte público funcione como corresponde, a toda hora, respetando las frecuencias y el número de pasajeros en cada unidad.
Qué se sancione a quienes cometen faltas de tránsito en forma ejemplar y quite definitivamente el carnet a quien viola la luz roja del semáforo o conduce bajo los efectos del alcohol o drogas.
Que en todos los cargos públicos se ingrese por concurso de antecedentes y oposición. Desde un cargo docente en la universidad hasta el personal que atiende en una repartición o el puesto de médico o enfermera en un hospital.
Que aprendamos a arrojar los papeles en basureros, que quien rompe un juego en una plaza deba reponer diez, que quien pinte leyendas en un frente tenga sanciones penal es y económicas,
Que servicios básicos –telefonía, internet, electricidad, gas, atención de la salud- funcionen como debe ser.

En una palabra: la calidad de vida no se logra sólo con obras públicas, leyes o decretos.
Tiene que ver con la cultura, con el compromiso, con la educación informal que nace en la familia, con el compromiso de cambiar hábitos, con la decisión de terminar con lacras como el amiguismo, el facilismo, el famoso “yo…argentino”.
No será fácil.
Pero comencemos ya a trabajar en ese sentido.
Si lo hacemos, tal vez en 2035 veremos los resultados.

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