Confesamos no ser grandes entendidos en el tema.
Pero, de pronto, una duda se instala entre las neuronas que aún funcionan:
-¿Es más barato construir feo?
Hace unos días recorríamos algunos de los muchos barrios nuevos que se están haciendo en San Juan.
De pronto, en avenida Ignacio de la Roza poco antes de llegar a la Universidad Católica, encontramos un gran cartel que anunciaba una obra de 600 viviendas.
¡600 casas! Todas juntitas, igualitas.
El panorama era realmente desolador, a pesar de la belleza de los cerros que se veían al fondo, sobre el oeste. Y era desolador porque se trataba de un simple “amontonamiento de casas” sin ningún criterio arquitectónico ni urbanístico.
Las preguntas surgían solas:
-¿Es obligatorio que el IPV construya dejando de lado cualquier criterio arquitectónico?
-¿Qué objetivo tiene obviar en los proyectos los espacios verdes, las áreas recreativas?
-¿Es necesario licitar 600 casas juntas en lugar de hacerlo de a 20 o 30 Unidades?
-¿Es imprescindible que en un barrio de 600 casas todas tengan ventanas igualitas, puertas igualitas, tanques de agua igualitos?
-¿Tiene alguna ventaja el hecho de que todas las casas sean tipo caja de zapato, cuadraditas, con techo plano, sin un alero, sin un balcón?
Si se tratara de un caso aislado uno pensaría: “Esto es un negociado”.
Pero no, ni el caso es aislado ni algo hace suponer que estamos ante negociados.
Ocurre lisa y llanamente que esta es y ha sido siempre la mentalidad del Estado: financiar la construcción de viviendas feas, iguales, sin criterio urbanístico.
El objetivo siempre ha sido:
-Hicimos mil, dos mil, cinco mil viviendas les ganamos a todos...
Somos los mejores…
La filosofía ha pasado por hacer obras que sólo puedan ser encaradas por grandes empresas, con capacidad para construir 200, 400,
600 casas al mismo tiempo. Y de hacerlo con un solo arquitecto, un solo ingeniero, un solo electricista, un solo proveedor de puertas, de ventanas, de cables, de sanitarios…
Y es así como nos fuimos olvidando de detalles tan interesantes como estos:
* Tenemos una Facultad de Arquitectura, que todos los años forma nuevos profesionales muchos hoy sin trabajo.
* Tenemos una Facultad de lngeniería y una Escuela lndustrial que forman ingenieros y técnicos constructores, de donde salen decenas de profesionales y empresarios de la construcción ansiosos de participar en pequeñas licitaciones.
* Tenemos carpinteros (en madera y chapa) que por falta de trabajo estable no invierten en grandes máquinas o las tienen ociosas, mientras que las puertas, ventanas y herrajes se traen desde otras provincias.
* Tenemos infinidad de jóvenes técnicos deseosos de formar pequeñas empresas de pintura con capacidad para encarar obras de cinco o diez casas por mes.
* Tenemos cientos de electricistas, de gasistas, de plomeros, con ganas de trabajar independientemente, manejando sus propias empresas.
¿Qué nos dice todo esto?
Sencillamente que cuando optamos -como se ha hecho en las últimas décadas- por privilegiar las grandes obras en lugar de armar pequeños paquetes, lo que estamos haciendo es beneficiar a cinco o seis grandes empresas en lugar de apoyar a centenares de pequeños empresarios.
Y los resultados están a la vista:
* Construimos mucho pero no tenemos una gran industria de la construcción.
* Nuestros barrios son feos, sin personalidad.
* Condenamos a trabajar como empleados de bajos salarios a gente que podría ser independiente.
* Dejamos a decenas y centenares de profesionales sin opciones.
* Y ni siquiera se puede invocar una cuestión de precios. Este grande que hoy conocemos no construye más barato que una pequeña empresa.
Ante este San Juan con barrios tan chatos, con entornos tan descuidados, con casas tan cuadradas, tan feas, tan igualitas, nos preguntamos una vez más:
-¿Es obligatorio construir tan feo?