Hay un nuevo San Juan.
Sería necio negarlo.
Un San Juan que aun no aparece totalmente en la superficie pero es fácil advertir.
La entrada en producción de grandes emprendimientos agrícolas, la explotación de yacimientos mineros, la construcción de dos nuevos diques, son realidades cuyos efectos van a sentirse en los próximos años.
Ahora bien. Ese nuevo San Juan impone nuevos desafíos.
Porque con una provincia ocurre lo mismo que con una familia.
Lo primero es la alimentación.
Pero después de comer advertimos que también tenemos que vestirnos.
Y cuando ya comemos y nos vestimos comenzamos a pensar en la educación y la salud.
Y luego en el auto o las vacaciones...
San Juan ha comenzado por cambiar su cultura “público- dependiente” por una cultura de la producción y el trabajo.
Pero cuando comenzamos a producir, advertimos que nos faltan más cosas que antes. Por ejemplo:
--Nuestra red de caminos es insuficiente. Necesitamos nuevos caminos que nos conecten con Calingasta, con Valle Fértil, con Jáchal. Y nuevos caminos rurales que aseguren que se podrá sacar la producción aunque llueva cinco días seguidos.
-- Necesitamos un aeropuerto internacional de cargas, algo absolutamente indispensable para una provincia que quiere salir con su producción al mundo.
--Deberemos alentar el desarrollo de la industria del frío, indispensable para que las exportaciones crezcan.
--Será imprescindible —también— contar con un sistema eléctrico confiable.
Porque este que hoy tenemos, con sus cortes y oscilaciones en la tensión, es incompatible con la actividad industrial.
--Necesitaremos universidades comprometidas con la producción. Será necesario adecuar planes de estudio, modificar premisas que han perdido actualidad, intensificar los nexos entre la universidad y la empresa; alentar la investigación de aplicación en la región.
--Es urgente contar con una política de formación y reconversión laboral. Nadie puede pretender un puesto en el mundo de la producción si no está calificado para desempeñarlo.
El desarrollo turístico, agrícola y minero demandará calificaciones muy exigentes.
Un desafío para que encaren juntos las empresas, los sindica tos y el Estado.
-- Deberemos plantearnos una política de ocupación territorial.
San Juan es una provincia, no una ciudad. No podemos seguir concentrando la población en el Gran San Juan.
Este absurdo macrocefalismo surgió como respuesta a una realidad: el Estado era la principal fuente de trabajo y tenía sus oficinas en el centro. Ahora la producción nos va a ir obligando a la descentralización. Y con ello deberemos pensar en gas, cloacas, electricidad, caminos, escuelas, hospitales, servicios básicos, viviendas, conexión entre los pueblos del interior (hoy toda interconexión debe pasar por la ciudad) y planificación urbana para los departamentos.
La lista es incompleta. Pero para comenzar, es suficiente.
San Juan estuvo estancada durante tantos años que ni siquiera nos planteamos estos temas. Con lo que teníamos alcanzaba y sobraba.
Pero, como decíamos, una provincia es como una familia. A nuevos logros, nuevos desafíos.
Y si no se los enfrenta no se puede seguir creciendo.
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