¿Cuál es la esencia íntima del ser humano?
Adelanto mi voto:
—Me gusta la gente con la cabeza en su lugar, que ríe, llora, se emociona, ama, acierta, se equivoca, siente nostalgias, carga un cierto tufillo a melancolía, aprecia las flores, sabe admirar un paisaje y aunque le brote por todos sus poros administra con mesura la ternura.
Voto también por aquellos de corazón desarmado sin odio ni preconceptos, que caen y se levantan, que asimilan los golpes y sacan fuerzas de flaquezas; que no aceptan transitar por la vida con patente de débiles, tristes o amargados.
¿Cuál es la esencia íntima del ser humano?
Adelanto mi voto:
—Me gusta la gente con la cabeza en su lugar, que ríe, llora, se emociona, ama, acierta, se equivoca, siente nostalgias, carga un cierto tufillo a melancolía, aprecia las flores, sabe admirar un paisaje y aunque le brote por todos sus poros administra con mesura la ternura.
Voto también por aquellos de corazón desarmado sin odio ni preconceptos, que caen y se levantan, que asimilan los golpes y sacan fuerzas de flaquezas; que no aceptan transitar por la vida con patente de débiles, tristes o amargados.
Pero, repito, ¿es esta la esencia íntima del ser humano?
Hay de todo en la viña del señor.
Porque no le quepa dudas. También están los otros, los que intoxican vidas ajenas.
Si usted anda con un ojo alerta los descubrirá.
A veces, con una palabra pueden hacer que el sol oscurezca.
Y la palabra puede aparecer en cualquier esquina.
—¡Cómo se te ha caído el pelo! ¡Y qué canoso estás! ¡Oíme, querido, se te han venido todos los años encima!
Otras veces aparecen en medio de una cena.
—Nena, que estás gordita… ¿Cuántos kilos aumentaste?
Siempre dicen las cosas con un tonito de afecto, casi fraternal.
—¡Admiro el valor que tenés al usar esos colores en la ropa. Yo nunca me pondría algo así!
Hay oportunidades en las que el tono es de simple comentario, lejos por supuesto de la denuncia:
—¿Viste cómo mira aquella a tu marido? Te aseguro que si te distraes “te lo voltea”.
Están en todas partes.
Son minoría pero constituyen una legión los que gozan amargándote el día con un simple comentario.
O quizás no gocen, simplemente son así.
¿Por qué?
No hay explicación.
O sí la hay. Para la psicóloga estadounidense Lillian Glass, la raíz de toda toxicidad en las relaciones humanas son los celos. ¿Por qué algunas personas cercanas, queridas o amigas, nos hieren, se enfadan con nosotros, buscan disgustarnos o intentan dañarnos con frases sarcásticas, respuestas que desaniman o alegrías falsas fácilmente advertibles?
Dice Glass: “los celos provocan frustración en personas que nos ven como ganadores y se consideran a sí mismas como perdedoras; esto las impulsa a golpearnos mental y verbalmente, y a veces incluso mediante la violencia física.
Los celos o la falta de amor propio son la razón de muchos comportamientos negativos hacia nosotros,
pero también la causa encubierta de conductas similares de nosotros hacia los demás”.
Bernardo Stamateas, un psicólogo argentino autor de un libro que también se llama Gente Tóxica dice que “los problemas interpersonales vienen desde el origen de la humanidad.
Por citar un ejemplo, el caso más antiguo de envidia podemos encontrarlo en la historia de Caín y Abel. Antiguamente, ante un conflicto, el caballero sacaba la espada o empuñaba un cuchillo; y en la actualidad “te serrucha el piso” en el trabajo a espaldas tuyas. Cambian los métodos pero en esencia es lo mismo. Podríamos decir que estas “contaminaciones” han evolucionado como la humanidad, lo que antes eran guerras más declaradas ahora son más sutiles y con mayor inteligencia de por medio. Quizás por eso muchas veces no es fácil identificar a las personas tóxicas para alejarnos de ellas”.
De cualquier forma, están.
Llámelos como quiera.
Son los piratas de las malas ondas, los corsarios del “todo es malo”.
Vampiros psíquicos que intentan robar nuestras módicas cuotas de optimismo, nuestras espaciadas alegrías, simples ladrones de pequeños sueños.
Si usted cuenta que está por poner un negocio, irremediablemente le dirán:
—¿Estás seguro de lo que vas a hacer? Mirá que en ese rubro todos se fundieron…
Si usted comenta que está por comprar una casa, les escuchará decir:
—¡Uf…! Hace cinco años que la tienen en venta y no encuentran quien las compre. Parece que tiene fallas de estructura…
Si les muestra su nuevo auto lo más probable es que lo “alienten” con una frase del estilo “el problema de estos autos es que tienen muy mala vejez, después no se lo podés vender a nadie”.
Según Glass, hay “treinta tipos de terroristas tóxicos”, entre los que incluye al parlanchín, el chismoso, el cortante, la víctima sombría y condenada, el apuñalador de dos caras, el bromista, el matón rencoroso y autoritario, y el mentiroso. Son distintas formas de personalidades que coinciden en intoxicar la vida ajena. ¿Quiere otras versiones? El entrometido, el fanático, el presumido, el competidor, el maniático del control, el crítico acusador o el arrogante sabelotodo.
—Si uno les cree o permanece al lado de ellos demasiado tiempo, terminará viendo todo gris—, afirman algunos convencidos.
Otros especialistas aconsejan actuar como si fuéramos un espejo; obligar a las personas tóxicas a ver reflejados sus comportamientos.
Un amigo cuenta que lleva un amuleto en el bolsillo para “espantar las malas ondas”.
Otro comenta que “no hay algo que moleste más a la gente negativa que una persona positiva y peor aún si ésta tiene éxito. Cuando a vos te pregunten cómo estás, contestá ¡perfecto!, ¡cansado de triunfar!”
Y están los que dicen “dejate de embromar, ignorá lo que dicen y listo!”.
En fin, es malo discriminar.
Nos guste o no, quién más quién menos todos tenemos algún amigo o familiar con estas características.
Lo importante es identificarlos y tomarlos como son.
A veces hasta nos podemos reír un rato hablando de las ondas negativas de fulanito o menganita.
El sol sale para todos, es cierto.
Aunque haya gente que ante un sol radiante sólo piense que en cualquier momento se larga un chaparrón.