Entrevista realizada por Juan Carlos Bataller en el programa La Ventana del 20 de febrero de 2026, en el ciclo Historias de familias

Juan Manuel
Campayo, oftalmólogo, director del Hospital Marcial Quiroga y Laura Tamarit,
médica psiquiatra, durante la entrevista realizada por Juan Carlos Bataller en
el ciclo Historias de familias
Ellos
son personajes muy conocidos, los conocemos profesionalmente y a través de los
medios, pero queremos conocerlos también en el aspecto familiar y en la vida de
cada uno.
En San Juan todos somos inmigrantes. Hasta los indígenas llegaron de afuera.
Hay apellidos que llevan diez años en la provincia, otros que llevan cinco años
o cinco generaciones.
-El apellido Tamarit apareció por primera vez en San Juan. ¿Por qué? ¿De dónde
venía ese apellido?
-El origen del apellido es catalán. La familia es catalana.
-¿Y llega a la Argentina en qué año?
-- A fines de 1800, en barco. Todavía está el registro en el hotel de
inmigrantes, en el Archivo General de la Nación. Si bien una parte de la
familia viene de Cataluña, otra parte viene de Biarritz.
-- O sea, 150 años en la Argentina.
-- Y los Tamarit se fueron a Córdoba, y después una parte de esa familia se
fue a Buenos Aires. Hay dos ramas Tamarit.
-- De pronto nace Laura Tamarit. ¿A dónde nace?
-- En la provincia de Buenos Aires, en la ciudad de Dolores. Dolores es el
primer
pueblo
patrio, fundado después de la Declaración de Independencia, a mitad de camino
entre Buenos Aires y Mar del Plata. Ahí nací de casualidad, porque mis padres
migraban mucho. Somos tres hermanos y los tres nacimos en ciudades diferentes
de la provincia de Buenos Aires.
--Con un sanjuanino… El sanjuanino se llama Juan Manuel Campayo. El apellido
Campayo ya lleva generaciones en San Juan.
-- Muchas generaciones.
-- ¿De dónde viene?
-- De la meseta central de España, de La Mancha.
-- La Mancha, castellanos puros.
-- Sí, bien castellano. Es como la quinta generación argentina.
-- ¿Vinieron directamente a San Juan?
-- Directamente a San Juan con una pequeña escala en Buenos Aires con el
ferrocarril.
--¿Se venía a trabajar en el ferrocarril?
-- Al ferrocarril. En esa época en San Juan no había viñedos, sólo se
cultivaba trigo y se hacía pan.

Juan Carlos
Bataller, conductor del programa La Ventana, en el ciclo Historias de familias,
realizada el 20 de febrero de 2026 junto a Juan Manuel Campayo y Laura Tamarit
-- Siempre
digo que hay sectores que lo ven mal a Roca, pero San Juan es lo que es en
parte por Sarmiento, pero en parte por Roca. Si no hubiera habido ferrocarril
Tucumán no tendría safra, ni San Juan ni Mendoza tendrían vino. El ferrocarril
fue un gran adelanto, y ahí llega el primer Campayo.
--
Ahí llegan los primeros Campayo. Unos primos a los que les fue bien y volvieron
a España, pero allá se sentían argentinos. Entonces un tío tatarabuelo mío que
tenía una finca y criaba chanchos, los envenenó a todos y se vino.
--¿Los envenenó?
-- Los envenenó y se vino. Después vino toda la familia porque no tenían de
qué vivir.
-- ¿Dónde estudiaste?
-- En la Universidad Católica de Córdoba, donde conocí a la doctora.
--¿Estudiabas ahí también?
Laura: Éramos compañeros de curso. Nos recibimos en el mismo momento.
-- ¿Y cómo fue? Porque decirle a una persona que ha vivido en varios lados,
que está en Córdoba, “mira, nos vamos a ir a vivir a San Juan…” Esa
decisión es de las más graves en una pareja. ¿Dónde vivir?
-- Fue una decisión muy dura.
-- Muy conversada.
Laura: No, no tanto. Fue en el 2006, nosotros ya teníamos dos hijos,
Dolores y Manuel, que es el más grande. Nos aumentaron el alquiler al 100% de
un día para otro. Acá, Juan tenía a su papá, otro oftalmólogo muy conocido, y
dijimos “si nos vamos a terminar yendo a San Juan en algún momento, vámonos
ahora.”
Juan Manuel: Ya habíamos terminado la formación de posgrado y
llevábamos casi siete años en Buenos Aires. Los chicos estaban por empezar la
primaria, así que era el momento de tomar la decisión.
-- De cualquier forma, Juan Manuel, vos sabías a qué venías, tenías familiares,
tenías un papá que ya estaba acá…
Juan Manuel: la que se arriesgó fue ella.
-- La que se largó la pileta fue Laura. Porque además era una especialidad
donde había sectores que no terminaban de entender qué era la salud mental,
¿no?
-- Sí.
-- Venías casi a inventar un sector.
-- Yo siempre cuento una historia. Mi papá decía, "¿Por qué vas a
hacer psiquiatría? Nadie va al psiquiatra.” Después terminó reconociendo que se
había equivocado. Cuando vine para acá dije, "¿dónde voy a conseguir
trabajo?". Gracias a una amiga, la doctora de Tommaso, al mes ya tenía dos
trabajos. Yo me vine con tres sueldos en tres cheques a fecha. Eso fue todo el
ahorro que teníamos. Acá, mi suegro y su esposa nos consiguieron una casa y nos
mudamos en un camión cebollero que nos consiguió mi tío porque no podíamos
afrontar la mudanza.
Juan Manuel: Y el camión llegó tres días después que nosotros.
Llegamos sin nada y no sabíamos ni dónde estaba el camión.
-- Pero estaba la familia y ya tenían dos hijos.
Laura: Y una gata.
-- Y una gata. ¿Ahora cuántos hijos tienen?
Laura: Tres hijos.
-- O sea, que hay un sanjuanino.
Laura: Hay una sanjuanina, la única de la familia.
Juan Manuel: Yo soy cordobés, a los nueve meses mis viejos me
trajeron par acá.
-- Fíjate lo que son las historias, ¿no? Será que a mí me apasionan las
historias de inmigrantes, me imagino lo que debe ser dejar el lugar, ser
trasplantado. ¿Cómo lo viste, Laura?
-- En mi experiencia, el sanjuanino atrae. Tiende a atraer a San Juan por algún
extraño motivo. Tengo un montón de gente conocida foránea que termina en San
Juan arraigado, y de alguna manera, adopta. Cuesta acostumbrarse al ritmo
sanjuanino y yo además vengo siendo nómade. Es la primera vez en mi vida que
vivo más de siete años en una misma casa y en una misma ciudad.
-- Te digo una cosa, con todas tus participaciones en programas, en debates,
si un día deciden irse, los vamos a extrañar.
Laura: Irse no creo que sea fácil después de tanto tiempo.
-- Sabés que se da un fenómeno que estoy tratando de incorporar al análisis,
porque me toca con mis nietos ver la cantidad de sanjuaninos que quieren irse
para extrañar desde afuera, ¿no? Creo que es un fenómeno, sobre todo en la
juventud.
Laura: Sí, creo que uno está acostumbrado a extrañar, pero nunca se
vuelve al mismo lugar.
-- Ya no sos el mismo tampoco.
Laura: Ya no sos el mismo, como dice el tango Volver, ¿no? Además,
creo que hay una cuestión de decepción al regresar, porque uno no se encuentra
con los mismos amigos, ni uno está en la misma posición. Sí creo que cuando uno
se va, se va. Hay que dejar, romper.
Juan Manuel: Sino, se termina volviendo rápido.
Laura: Sí, y no es un fracaso. Por eso tenemos amigos y familia en
tantos lados. Nosotros tenemos familia en Brasil, en Perú, amigos en toda la
Argentina; y así intentamos viajar barato. (ríe)
-- Juan Manuel, por tu trayectoria, padre e hijo siempre estuvieron ligados
al tratamiento.
-- Yo soy la segunda generación. Mi abuelo tenía finca, empezó casi sin
saber cuando no había universidades y el conocimiento que había era escrito. Él
sabía leer y tenía formación hasta séptimo grado; por eso, le pudo dar la
posibilidad a mi padre de que estudiara. También tenía una hija, pero la
costumbre era que la mujer se quedara en casa.
-- Son pocos los que se abrieron posibilidades.
-- Claro. No sé por qué se le despertó la vocación de médico. Creo que con
sus compañeros de secundaria emprendieron una aventura y se fueron a estudiar a
Córdoba sin saber lo que era. Al principio no le fue muy bien y después se
adaptó.
-- Y empiezan las llamadas telefónicas. Pregúntele a Juan Manuel si es
cierto que era Judoca.
-- Sí, hay varias varias figuras relevantes de la política que han pasado por
el judo.
-- Entre otros Marcelo Orrego, nuestro gobernador.
-- Sí, señor. No sé quién fue el primero de los primos que empezó a ir a judo.
Yo soy primo hermano de Marcelo y nos empezaron a llevar porque en esa época,
teníamos ocho años, parece que éramos bravos y necesitábamos disciplina.
-- Con la disciplina y la filosofía oriental debés ser peligroso, ¿no?
-- Yo practiqué judo hasta los 17 años, que me fui a estudiar a Córdoba.
Fue muy interesante aprender la cultura del cuerpo, el control, la no agresión,
aprovechar la fuerza del otro… es super recomendable y se puede practicar a
cualquier edad.
--¿Qué tienen de hobby aparte de viajar? Porque ya decía Laura que tienen
familiares en todos lados.
Laura: Juan está lleno de hobbies. El cine creo que es mi hobby
principal y en alguna época fue la lectura; después, con la maternidad se
desconfiguró todo por los tiempos. Estoy intentando armar rompecabezas, pero
con hijos y gatos es difícil.
-- Me imagino que estar casado con una médica psiquiatra es particular,
porque el médico común tiene un turno previsto para dentro de quince días.
Ustedes, por ahí están cenando, suena el teléfono y tienen que salir.
Juan Manuel: Está más lleno de imprevistos que de cosas
planificadas.
-- Es difícil vivir con una psiquiatra, ¿no?
Juan Manuel: Es difícil y el teléfono está siempre abierto. Eso la
hace ser una profesional que se destaca respecto al resto. Si la llaman a las
cuatro de la mañana va a atender. Ella siempre está preparada para atender una
llamada que puede ser de vida o muerte, porque no todo se puede resolver por
teléfono. Muchas veces ha estado en llamadas de dos o tres horas.
-- De pronto, también, el médico oftalmólogo programa si tiene que operar
cataratas u otra cosa; pero cuando uno conduce un hospital del tamaño del
Marcial Quiroga, me imagino que esos tiempos son totalmente distintos y las
emergencias son permanentes.
-- Es un desafío que me encuentra en una situación madura en mi
especialidad de oftalmología, pero casi empezando a hacer administración
hospitalaria. Tengo una maestría en administración hospitalaria, y siempre
pensé en ejercer en la parte privada, pero surgió este desafío. Me invitaron a
formar parte del equipo de conducción del hospital y nos repartimos
responsabilidades, aunque todos pensamos que nuestro problema es el más grave.
-- Laura, vos también dirigiste un hospital y un hospital polivalente.
-- Sí. Yo transformé el Hospital Mental de Zonda en el Hospital General
Julieta Lanteri.
-- Me imagino que no fue sencillo.
-- No, fueron seis años muy intensos a cargo de la dirección. También
fueron divertidos porque aprendí de un montón de cosas.
-- Pero ¿cómo se hace? No es un tema cotidiano como llegar a tu casa después de
un partido de fútbol, bañarte y salir de nuevo.
-- Cuando uno dirige un hospital, el problema no para. Mientras dura la
gestión, el problema está ahí. Me acuerdo que el primer año explotaba un
transformador y nos quedábamos sin luz, sin agua... Es resolver situaciones
todo el tiempo que no tienen que ver con la medicina, sino con la gestión de
problemas.
-- Además, en un hospital de salud mental, hay que contener familiares que
muchas veces son más problemáticos que el paciente.
-- Sí, la mayoría de las veces. Lo que pasa que hubo que hacer una
transformación del modelo y costó hacer entender que los pacientes no se iban a
quedar en la calle.
-- Me faltó el hobby de Juan Manuel y háblenme también de los hijos.
-- Mi hobby lo acabo de perder. Soy un ciclista frustrado, y después del
último golpe que me dí, me dijo el traumatólogo “si te querés matar seguí
andando en bicicleta”. Indudablemente, no soy bueno.
-- Y de los hijos qué me cuentan.
Laura: Son tres. El más grande, Manuel, nació en Buenos Aires en el
año 2000. Fue prematuro, apenas un kilo…
-- Esos son los avances de la ciencia que no por ahí no advertimos. En otros
tiempos no habría vivido.
-- Sí, estuvo cuarenta y dos días en terapia intensiva.
-- ¡Era como para debutar como padre!
-- Hermoso, para que te des una idea, al año pesaba siete kilos. Tuvimos
una educación de padres de prematuro con un grupo de padres de la NEO y con un
pediatra que nos acompañaba, pero estábamos solos en Buenos Aires. Después
viene Dolores, que nació en el 2004 en Buenos Aires, cuando había menor riesgo
de que fuera prematura; Después nos vinimos para acá y el 11 de febrero del
2010 nació Lucía, el mismo día que mis padres cumplían 50 años de casados. Así
que se jactaban de tener el mejor regalo de aniversario.
-- Yo te sigo en redes sociales, la muerte de tu padre te marcó mucho, ¿no?
-- Sí.
-- ¿Qué fueron tus padres?
-- Fueron contención para los cinco. Fueron una gran compañía, los que me
permitieron trabajar y llegar a ser hoy quién soy. Ellos llevaban los chicos al
colegio, los buscaban, llevaban la comida…
-- Se radicaron acá.
-- Se radicaron acá cuando nació Lucía, porque justo ahí me sale la
posibilidad de entrar al hospital Rawson. Entonces, eran una compañía
importante, era la cocina asegurada, el arroz con pollo favorito de los chicos,
los tangos, charlas. Mi papá era ingeniero y fue un gran confidente porque
había manejado empresas multinacionales donde los problemas estaban a la orden
del día. Yo compartía con él temas de administración y me recomendaba que
hiciera esto, lo otro.
-- En el caso tuyo ¿también hablaban de oftalmología con tu padre?
-- Soy especialista en oftalmología gracias a mi papá. Laura es de lapicera
y nosotros somos de millones de dólares en inversiones para equipamiento. Eso
me atraía. Mi madre, dermatóloga, también de lapicera y ojos para ver. Eso me
atrajo mucho y pude hacer mi complemento de formación en cirugía de catarata y
glaucoma. Cuando llegué a la clínica Santa Lucía, mi papá me acogió y empecé a
desarrollar mi especialidad. Él era especialista en retina y tuve que hacerme
cargo porque un día me dijo “No quiero trabajar más". Él era decano en la
Facultad de Medicina de la Católica. Me dijo "hacete cargo y yo te
enseño". Así que tuvimos mucho tiempo de quirófano, mañanas, tardes y
noches, urgencias, fines de semana de guardia, etcétera.
--¿En qué momento la vida los encuentra hoy a los dos? Si tuvieran que decir
“confesamos que hemos vivido” ¿Están satisfechos o insatisfechos?
Laura: Creo que el balance es positivo, muy positivo.
Juan Manuel: Muy positivo. Hay muchas cosas para seguir haciendo,
muchas ganas también. Algunos sinsabores, pero mi suegro, que al final de su
carrera tuvo dificultades, decía que alguien en una cena muy importante le
había echado sal al café. En este caso no, es totalmente al revés. Estamos
esperando que nos traigan el postre, digamos.
-- Les agradezco mucho. Esta es la primera de las charlas para conocer
familias sanjuaninas. Muchas gracias.
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Juan Manuel
Campayo y Laura Tamarit, junto a sus hijos Dolores y Manuel

Los pequeños
Dolores y Manuel hijos del matrimonio de Juan Manuel Campayo y Laura Tamarit






La imagen es
del 15 de septiembre de 1999, donde se lo ve a Juan Manuel Campayo en el
momento de recibir su diploma de la promoción XXXVII en la Universidad Católica
de Córdoba.



Laura
Tamarit en una foto en su juventud

El joven
Juan Manuel Campayo

























Juan Manuel
Campayo y un deporte que practica, el ciclismo






































