Quien viaja con un seguro de asistencia médica, cree que lo hace resguardado. Esta historia demuestra que podrá estar tranquilo…hasta que tenga un problema.

Contratar un seguro de asistencia al viajero, da tranquilidad a cualquiera que viaje al exterior.
La tranquilidad se termina cuando se presenta un problema que requiere atención médica.
Si usted tiene un problema médico durante un viaje a los Estados Unidos, hágase una idea: deberá enfrentarse no sólo a su dolencia, sino también al temor de los médicos o centro de salud que lo atiendan y a cientos de abogados que han condicionado absolutamente el sistema de salud de los Estados Unidos.


Veamos un ejemplo.
Juan viajaba con María a Miami.
A través de una agencia de viajes o de la prepaga que lo atiende contrató un seguro.
Primer problema: la edad.
No es lo mismo contratar si usted tiene 25 años que si tiene 65. Los precios varían notablemente.
Segundo problema: la cobertura. Si bien el seguro le cubre 50 o 100 mil dólares, los gastos de hotel solo cubren 500. Una suma que en el mejor de los casos alcanza para dos días.
Pero de estas cosas no se enterarían hasta más tarde.
Ellos viajaron tranquilos, con sus hermosos carnets de una empresa llamada April.


Juan y María representan a ese 1 o 2 por ciento que tiene un problema.
María se cayó en el estacionamiento de un mall y tenía fuertes dolores en la zona intercostal, además de algunos magullones.

Regresaron al hotel y Juan llamó a los números que aparecen en el carnet que le dieron.
Lo atendieron inmediatamente en su propio idioma.
Hasta aquí, todo bien.
Juan explicó el problema y dijo:
—Como viajamos mañana a primera hora, quisiera saber si mi esposa tiene una costilla fisurada o quebrada pues se trata de un  viaje largo.
El operador preguntó dónde se hospedaba, cuál era su número de teléfono y prometió comunicarse en diez minutos.
El hombre cumplió
A los diez minutos informó:
—Han sido derivados al Context Medical Group – 10 —550 NW 77th court – swite 305 –Hialeah Gardens,   ubicado a 20 minutos del hotel. Allí tienen servicio radiológico.
Juan buscó un taxi y con su esposa se dirigieron a la dirección indicada.
En realidad no estaba a veinte minutos del lugar indicado sino a una hora y media. Es más, el sitio estaba fuera de Miami.
Después se enterarían que Hialeah Gardens, es una ciudad de Miami Dade, en Florida, de 19.297 habitantes, que tiene el más alto porcentaje de latinos, el 96,78, a los que hay que sumar 1,80 de “african american” (negros) y 0,80 de asiáticos. O sea, donde no viven anglosajones.


Tras el largo viaje esperaron encontrarse con un monumental edificio.
La mayor sorpresa fue que no los habían enviado a un hospital como los que salen en las películas ni los atendería el doctor House sino a un sitio de construcciones bastante precarias. Las suites deberían decir en realidad “locales” pues se parecían más a un supermercado que a una clínica de nivel.
El “doctor House” en realidad era un médico colombiano.

Una secretaria, un equipo de radiología operado por un técnico y el dueño del lugar eran los únicos habitantes.


Supongamos que hasta acá estuviera todo bien.     Los problemas comenzaron cuando Juan debió firmar diez o doce hojas antes de que fueran atendidos.
Entre otras cosas firmó un texto en inglés donde decía saber que el médico que los atendería no tenía seguro médico ni trabajaba en relación con la clínica ni poseía bienes.
—¿Y esto?
—Esto es Estados Unidos, un lugar donde la salud depende de los abogados —, le contestó la secretaria.


Tras firmar los papeles, fueron atendidos por el médico. Un hombre muy atento, de muy modesta vestimenta.
El interrogatorio duró media hora.
María fue preguntada por la salud, muerte y forma de vida de bisabuelos, abuelos, padres y hermanos. Todo fue volcado a papeles. Tabaco, drogas, alcohol, trabajo, deportes, operaciones, enfermedades. Todo fue anotado.
Luego el médico la revisó durante unos tres minutos y ordenó las radiografías.
Tras una sesión donde se tomaron unas quince radiografías digitales María volvió con el médico que le dijo:
—Yo no veo fracturas pero de todas formas esto lo dirá el ortopedista   (traumatólogo). Pero como usted refirió que tuvo dolor de cabeza necesito también derivarla a un neurólogo.
—¿Ellos están acá?
—No, se deriva todo a un hospital. Los resultados estarán en tres días.
—Espere. Doctor. Nosotros viajamos mañana a la mañana. Queremos saber si podemos viajar o no.
—Esto es Estados Unidos. Yo no puedo invadir otras especialidades. Si adelanto opinión podría tener un juicio.
—¿Qué hacemos, entonces?
—Si quiere viajar lo hace bajo su riesgo. Tendrá que firmar diciendo eso.
—¿Y qué pasa si en mitad del viaje los dolores son insoportables?
—Yo le voy a dar un medicamento. Pero por favor, no lo tome sin comer pues puede dañarle el estómago.
El medicamento que dio el médico era iboprufeno, de venta libre en la Argentina…


Juan no aguantó más y pidió que le dieran las radiografías, que se iba a otro lugar.
—No, las radiografías quedan acá, por resguardo.
—¿Cómo? ¿No me da diagnóstico ni radiografía?
—Esto es Estados Unidos. Tenemos que estar cubiertos por los abogados.
Juan, como buen latino, comenzó a gritar e insultar y apareció el “dueño” de la clínica.
Fueron quince minutos más de discusión.
—En Argentina, el radiólogo hace un diagnóstico y el médico clínico también le dice si puede viajar o no…
—Esto es Estados Unidos. No podemos arriesgarnos a un juicio por un diagnóstico equivocado.
—¿Y qué hacen con todos los datos que fue anotando el médico?
—Los guardamos en un gran depósito, por si hubiera un juicio.


En resumidas cuentas: tras largas discusiones la “clínica” accedió a dar una copia de las radiografías digitales y de los datos recabados por el médico, como “un favor muy especial”.

Juan, al borde de una crisis nerviosa, atinó a decir:
—Dígame… ¿Por qué la empresa con la que contraté el seguro me derivó a este lugar y no a una gran clínica?
—Y… será por una cuestión de precios—, dijo el hombre.

Antes de retirarse, Juan y María tuvieron un último diálogo con el propietario de la “clínica”
—Oiga, usted me dijo que se cayó en el estacionamiento del mall?
—Si.
—Iníciele un juicio.
—Mire, lo que queremos es irnos…
—Déjele el poder a un abogado. El se encarga de todo. Seguramente está filmado el momento de la caída….


Juan y María me preguntaban si ese es el mundo del futuro.

Me quedé pensando. ¿No estaremos transitando el mismo camino…?
Ahhh… Me olvidaba. El médico sanjuanino cuando vió las radiografías le dijo a María que había viajado con una costilla fisurada.

 

 

 

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