Se ha transformado en base indispensable en cualquier plan de desarrollo tener banda ancha, excelente telefonía, desarrollo de los sistemas wifi comunitarios, acceso a los satélites y algo que parece superfluo pedir a esta altura de la civilización pero lamentablemente no lo es: una red eléctrica confiable.
La conectividad es la base de las telecomunicaciones.
Hoy, las telecomunicaciones son lo que fue en la época final del neolítico la invención de la rueda.
Con la rueda nació el transporte en escala.
Por primera vez se daban la mano la tecnología y la economía. Y ya nada sería igual.
Pero a diferencia con la rueda que demoró siglos en ser adoptada por toda la humanidad, este proceso que hoy vivimos se extiende en forma vertiginosa e imparable y ya no hay fronteras que la detengan.
¿Qué nos está diciendo todo esto? Que lo que llamamos globalización ha unificado no solo los mercados de bienes sino también los de servicios, incluyendo a todas las actividades humanas.
Que igual que hace 100 años el ferrocarril acortó los tiempos para recorrer las distancias, hoy el satélite directamente los eliminó.
¿Nos cambia esto la vida? Claro que nos cambia.
Ahora no sólo tendremos que producir un auto, un vino o un diario en condiciones de competir internacionalmente, sino que profesionalmente, si queremos trabajar, tendremos que igualar las condiciones de excelencia que brinda un colega japonés, norteamericano o canadiense.
Usted dirá:
-Todo eso es cierto pero cada lugar tiene su idiosincrasia, sus reglamentaciones…
Es verdad.
Pero piense en esto: si usted escribe la palabra Francia, aparecerá 1.700 millones de veces sólo en un buscador. Si teclea Chile, las menciones serán 1.100 millones. Si en cambio coloca Argentina, estará mencionada en 1.500 millones de veces. Y si teclea San Juan, Google le explicará que hay 50 millones de páginas que la mencionen.
Y esto recién comienza. ¿Cuánto falta para que todas las idiosincrasias y las reglamentaciones habidas y por haber estén en la red?
Todo esto va a cambiar en pocos años el mapa poblacional de la provincia.
Naturalmente, estos avances deben ser acompañados por políticas que contribuyan a acelerar ese proceso.
En el futuro, no tenga dudas, San Juan va a ser totalmente distinto tanto en sus agentes productivos como en su cultura laboral.
En esta etapa que viene, tener una excelente interconectividad va a ser indispensable.
En ese momento, deberemos ser productores de alto valor agregado, con incorporación de conocimientos y con trabajadores de excelente formación cultural y técnica
El transporte de personas y mercadería continuará haciéndose en el mundo por aire, por mar y por tierra, cada vez con medios más grandes y veloces.
Pero serán las telecomunicaciones las que continuarán revolucionando todo, dando lugar a nuevas pautas culturales y productivas.
Gran parte de la economía se moverá a través de telecomunicaciones. Y hablar de telecomunicaciones es hablar de conectividad.
Es así como se ha transformado en base indispensable en cualquier plan de desarrollo tener banda ancha, excelente telefonía, desarrollo de los sistemas wifi comunitarios, acceso a los satélites y algo que parece superfluo pedir a esta altura de la civilización pero lamentablemente no lo es: una red eléctrica confiable.
Quien no tenga una excelente conectividad no podrá tener acceso a muchas de las tecnologías que están en marcha.
Y es en este punto donde tenemos que tener las ideas absolutamente claras: ¿estamos promoviendo y garantizando la conectividad, el acceso igualitario, la inclusión y la igualdad para todos los habitantes de este suelo y a lo largo y lo ancho de nuestra geografía?
Pensemos la cantidad de servicios que hoy dependen de una buena conectividad.
Se caen los sistemas y cierran los bancos, quedan sin uso los cajeros automáticos, no pueden venderse pasajes en avión, los comercios pierden sus ventas con tarjetas, enmudecen muchísimas radios, callan las redacciones, en muchos casos no pueden imprimirse los diarios, nos quedamos sin archivos, no hay comunicación telefónica, ni siquiera podemos conocer el pronóstico del tiempo, el estado de las rutas…
Si esto le parece mucho, imagine lo que ocurrirá en los próximos años cuando desde la educación hasta el cine, pasando por la música, los espectáculos, la cultura, el asesoramiento profesional y hasta el comercio y los servicios, tendrán como centro las redes unidas del universo.
A través de Internet sabremos si se hace una licitación, la marcha de un expediente, el estado de un juicio, los registros dominiales, los deberes que tendrán que hacer los chicos en casa, la reposición de mercadería en los comercios, la actualización profesional, todos los medios de difusión (lo que hoy conocemos como radio, diario o televisión), los sistemas de seguridad, el manejo de la tecnología hogareña, el chequeo médico, las compras domésticas y empresarias, las reservas en hoteles, vuelos, restaurantes en cualquier lugar del mundo, el acceso a todas las bibliotecas, enciclopedias y museos del planeta…
Este es el mundo que nos espera en el futuro.
Un mundo con todas las ventajas y también las posibles desventajas que trae la globalización.
Donde muchos cambios van a producirse y en el que no cabe esperar retrocesos.
Un mundo, en fin, donde cerrar las brechas digitales será un imperativo.
Incorporar a todos los sanjuaninos a ese mundo, es un gran desafío para estos años si queremos llegar al futuro bien posicionados.