Hoy, cuando gente que no es del ambiente compra medios de difusión como si fuera un sandwich de mortadela, me pregunto si sabrá el ciudadano común qué hay detrás de una empresa.
Corría 1986 y El Nuevo Diario estaba naciendo.
Habíamos conformado parte del equipo y teníamos el local que en realidad era una prolongación de nuestra casa pues allí venían a tomar la leche y hacer sus tareas mis hijos.
Pero faltaba aun lo principal: ¿dónde imprimiríamos?
El Negro Mendoza, gran amigo y nuestro primer jefe de redacción, fue muy realista:
- Rotativa offset en San Juan hay una sola, la de Diario de Cuyo. Pero no podemos proponerles que nos impriman para que les hagamos la competencia.
Era lógico, en aquellos tiempos de gran concentración de medios.
- ¿Entonces?
- ¿Porqué no intentamos en Mendoza?
- Sólo podríamos imprimir en la rotativa de Los Andes.¿A vos te parece que un diario grande como Los Andes va a tener interés en imprimir un semanario sanjuanino?
- Probemos, total nada perdemos con preguntar.
- Yo sé que el gerente es un ingeniero Caseros, un hombre joven. No lo conozco pero... veamos.
Hablamos por teléfono a Mendoza y nos agrandamos:
- Le hablo de El Nuevo Diario de San Juan. El ingeniero Caseros, por favor.
Hubo dos interminables minutos de espera. De pronto escuchamos una voz en el teléfono.
- Hola. Habla Caseros.
- Mucho gusto ingeniero. Le hablamos de El Nuevo Diario de San Juan, una publicación que aparecerá en las próximas semanas y estamos interesados en charlar con ustedes sobre el tema impresión.
- ¿El Nuevo Diario, me dijo?
- Sí.
Caseros no tenía idea qué podría ser lo que nosotros queríamos. Pero seguramente la palabra “diario” en una provincia cuyana, produjo el milagro:
- Bueno, vengan.
Al día siguiente, a las 5 de la tarde, estábamos en Mendoza.
Entramos al edificio de la avenida San Martín y sentimos sobre nosotros más de cien años de periodismo.
Nos sentimos muy pequeños.
Los Andes fue fundado por Adolfo Calle el 20 de octubre de 1883. Actualmente es propiedad de un grupo empresario formado por Clarin y La Nación y herederos de la Familia Calle. Desde sus comienzos, fue protagonista de la historia mendocina.
Hasta bien entrada la década del 50, las sirenas de Los Andes avisaban a la población cuando se producía un hecho extraordinario. Así, sonaron el 24 de junio de 1935, por la muerte de Carlos Gardel, y el 1° de setiembre de 1939, cuando estalló la Segunda Guerra Mundial.
Reitero, la historia de Los Andes nos abrumaba.
Pero cuando nos anunciaron al ingeniero Caseros, sacamos pecho y entramos al despacho.
Fueron dos horas de conversación.
Hablamos del semanario y de ilusiones.
Hablamos de mi paso por Clarín y del paso del Negro Mendoza por Primera Plana.
Y Caseros, aunque dirigiera una empresa con toda la historia de Mendoza encima, tenía poco más, poco menos, nuestra edad.
- Está bien. Métanle. Nosotros les imprimimos. Organicen todo para estar acá con las páginas los jueves a las 3 de la tarde y a las 7 se llevan el diario hecho.
Eran las siete de la tarde y era el 25 de abril de 1986, cuando salimos del edificio de Los Andes.
Nos fuimos a la confitería del Automovil Club. Pedimos cuatro cafés y brindamos.
El primer número de El Nuevo Diario saldría a la calle el 16 de mayo.
Cada jueves teníamos que estar a las 3 de la tarde con los originales de las páginas y las fotos en Mendoza. A esa hora comenzaba el trabajo de fotomecánica y montaje de astralones. A las cinco se copiaban las planchas y poco después comenzaba el tiraje en la rotativa.
Por más que nos prometiéramos una y mil veces cerrar temprano la edición, siempre llegaba la 1 de la tarde y aun estábamos cambiando un título o corrigiendo una nota.
Generalmente era la una y media cuando partíamos en mi Ford Taunus para Mendoza.
El jueves 29 de mayo fue un día inolvidable.
Ibamos a imprimir nuestra tercera edición y a las 3,10 estacionaba en la puerta del diario y bajaba con un gran forro de cuero que habíamos hecho confeccionar para llevar dentro los originales.
Los muchachos de Los Andes ya estaban esperando.
- Disculpen la demora pero había mucho tránsito...
Sólo sonrieron. Eran hombres del oficio y sabían que siempre la redacción entrega más tarde de lo estipulado.
- Acá tienen todo. Me voy a comer un sandwich a la esquina y ya vuelvo.—, les dije mientras les dejaba el sobre.
A las tres y media veo entrar a la confitería a uno de los operarios.
- Sanjuanino, hay problemas.
- ¿Qué pasa?
- Falta una página.
- ¿Cómo?
- Si, no encontramos la página 8.
Ni pregunté cuanto era. Dejé cinco pesos sobre la mesa y corrí hacia el diario.
Efectivamente: la página 8 no había llegado.
Tomé el teléfono y llamé a mi hermano Eduardo a su casa.
- Eduardo, sonamos. La página 8 se quedó en San Juan. No vamos a poder imprimir.
- Esperá... Yo me voy al diario a ver si está allá. Andá averiguando hasta cuándo pueden esperar esa página.
Pregunté al jefe de fotomecánica:
- ¿Hasta qué hora pueden esperar por la página?
- No más de las cinco. No te olvidés que a las 7 tiene que estar todo terminado porque imprimimos suplementos de Los Andes.
Tres minutos despues sonó el teléfono. Era Eduardo.
- Encontré la página. La habían dejado pegada detrás de la puerta.
Teníamos la costumbre de ir pegando con cintex, en las paredes, las páginas que estaban terminadas para, de esa forma, tenerlas a la vista. ¡Justo a alguien se le ocurrió pegar una en la puerta que, al abrirse, escondió la página.
- Son las cuatro menos diez. Ya no tenemos tiempo.
- Vos tratá de demorarlos diez minutos. La página va a llegar.
Respiré hondo y opté por mentir:
- Ya se habían dado cuenta. Hace media hora que la página salió de San Juan. A las cinco estará acá.
- ¡Te salvaste sanjuanino!
Sonreí. ¡Qué iba a hacer!
La sorpresa fue cuando tres minutos antes de las cinco veo entrar a Eduardo a la gran sala de fotomecánica.
No lo podía creer. Sólo habían pasado 65 minutos desde que hablamos por teléfono.
- ¿Como lo hiciste?
- Vine en avión.
- ¿En avión?
En ese momento veo entrar al “Nito” Mascarell, primo nuestro y corredor de autos.
Eduardo le había llamado, le explicó el problema y cinco minutos después estaban en la ruta, a bordo del IAVA que Nito tenía preparado para correr. ¡En 55 minutos hicieron el viaje!.
Hoy, cuando gente que no es del ambiente compra medios de difusión como si fuera un sandwich de mortadela, lo veo a la distancia y pienso:
- ¿Sabrá la gente qué hay detrás de una empresa?
La plata es importante. Los conocimientos también. Pero no son suficientes. La plata, la tecnología, los conocimientos son como una ensalada sin aliño.
Hay que ponerle además mucho amor, mucha pasión, mucha transpiración, mucho riesgo, hasta de la propia vida, para que la cosa funcione.
Y revolver lento, lento, lento... hasta que cada cosa se impregne del fuego sagrado que reclama toda obra humana.