Mientras nos cobran 20 pesos por abrirnos el baúl si viajamos a Mendoza, por nuestros controles pasan hasta las tortas de los casamientos y grandes camiones entran a la ciudad para descargar sus productos, con lo que ahorran hasta el pago de un galpón. ¿No hay un juez, un fiscal o un defensor del Pueblo que investigue el absurdo de las “barreras fitosanitarias”?
Hay veces que un sanjuanino se siente el tonto de la película. Un estúpido del que se benefician algunos vivos.
Quiero ser claro: me parecen una aberración los puestos instalados en las rutas de San Juan y Mendoza cobrando ¿un impuesto?¿un peaje?¿una contribución? por abrirnos el baúl y echarnos un sospechoso líquido en las ruedas del vehículo.
Lo hacen en nombre de la “lucha contra la mosca del Mediterráneo”, como si el problema radicara en el melón o la manzana que pueda llevar el viajero en el baúl del auto (es lo único que controlan).
El caso de la provincia de Mendoza ya es grave pues en la llamada “barrera fitosanitaria” se debe pagar 20 pesos por auto, 30 por una camioneta o si se lleva un carro, y hasta 120 pesos por un camión o un ómnibus.
San Juan se ha prendido también a esta estafa disfrazada que me extraña no ha sido investigada por jueces y fiscales de ambas provincias y si bien cobra menos, también cobra: $4,50 por auto.
Aclaremos: esta estafa disfrazada de lucha contra la mosca no fue inventada por los mendocinos contra San Juan. Pensemos: también perjudica a los miles de mendocinos que viajan diariamente.
Y tampoco es cierto que afecta a los turistas que gastan más en hoteles o restaurantes, como dijo un ignorante en las redes sociales.
Hay gente que debe viajar todos los días para hacerse aplicaciones de radioterapia porque padece de cáncer, o jóvenes que estudian en Mendoza o transportistas.
Pero si se tratara sólo de un “impuesto a los turistas” también sería un absurdo y un acto que huele a ilegal por donde se lo mire. ¿Acaso nos brindan un servicio? ¿Mejoran las condiciones del viaje con autopistas seguras? ¿Controlan que no ingresen animales a la ruta?
Nada de eso. Entonces… ¿qué estamos pagando? ¿Y por qué nosotros?
En el caso de San Juan, no puedo asegurarlo pero se dice que al menos uno de los controles es un negocio privado que se concedió a un dirigente de un partido provincial hace 13 años…
Otros, en cambio, sostienen que es un simple sistema para dar un trabajo “artificial” a un grupo de personas a costa de la gente que viaja.
Independientemente del absurdo de cobrar al viajero para beneficiar –nadie se lo cree- a una actividad productiva, los sanjuaninos estamos comenzando a sentirnos los tontos de Cuyo.
¿Cree que exagero?
Si usted lleva un melón de Cañada Honda –los más cotizados del país- es posible que sea decomisado en la barrera mendocina. Y digo que es posible porque como sólo se controla el baúl, lo podría pasar si lo llevara en el interior del vehículo. No, no se ría, es así.
Pero al mismo tiempo, por el control sanjuanino pueden ingresar empresas mendocinas contratadas para una fiesta en San Juan. Llegan varios camiones con mesas, sillas, manteles, cubiertos, mozos, camarógrafos, vinos, champagne, canapé surtidos, empanadas, lomos al chanpignon. Helados, tortas y hasta cocinas para calentar la comida que ya viene preparada. ¡Y pasan sin problemas!
¿Quiere otro absurdo indignante?
A 200 metros del control de San Juan sobre la ruta 40 no funciona la báscula para pesar camiones. No se trata de un caso aislado. Están todas las básculas de San Juan fuera de servicio para que puedan circular los grandes camiones mineros sin pagar los altísimos peajes que pagan en Chile, por ejemplo, por las roturas que provocan en el pavimento.
Y esos camiones traen productos –desde casas prefabricadas hasta grúas- construidos en otras provincias.
Basta ver el deterioro de las rutas para advertir la gravedad de lo que sucede.
¿Ve por qué le digo que nos sentimos los tontos de Cuyo?
Le cuento otra: San Juan tiene una legislación que prohíbe la entrada a la ciudad de grandes camiones. Sin embargo, usted verá decenas de grandes camiones que cada mañana descargan gaseosas, cerveza, muebles o alimentos en despensas, restaurantes, confiterías o comercios.
Estos camiones interrumpen el tránsito, paran en doble fila, abollan no pocos autos. Para colmo de males, como en el lado de la vereda hay autos estacionados, descargan del lado de la calle…
Este tipo transporte debería hacerse en camionetas o vehículos más pequeños. Pero para esto, las empresas que tienen sus embotelladoras en Mendoza, tendrían que tener un depósito fuera de la ciudad y desde allí hacer el trasbordo de la mercadería.
Como nuestros inspectores cierran los ojos (¿por orden de alguien o reciben algún regalo?) las empresas proveedoras siguen entrando con sus camiones con lo que ahorrar el alquiler de galpones, el pago de empleados sanjuaninos, el pago de servicios e impuestos como paga cualquier mortal, la contratación de servicios de seguridad…
En una palabra, perdemos centenares de empleos. ¿Quién se beneficia? Ahhhh….
Finalmente una pregunta: si San Juan y Mendoza tienen una misma lucha contra la mosca del Meditrerraneo… ¿Por qué existen las barreras sanitarias entre ellas? ¿Se desconfían o han inventado un simple negocio?