Argentina se ubica como uno de los países con menor número de vacaciones para sus trabajadores pero es el país con más feriados del mundo.

Hay cosas de las que se vuelve.
Y otras que no tienen regreso.
Esto es así tanto en la vida pública como en la privada.
Veamos algunos ejemplos.
Un presidente de la Nación decidió un día vender YPF. Para la gran mayoría de los argentinos, fue un grave error.
Pero otro gobierno pudo enmendarlo.
Un día, YPF volvió a ser una empresa argentina.
Lo mismo ocurrió con Aerolíneas Argentinas.
O con la creación de las AFJP.

Entendamos bien: no estamos emitiendo un juicio de valor sobre si hoy son empresas eficientes o no.
Simplemente utilizamos el ejemplo para que se advierta que pueden revertirse muchas situaciones. Especialmente en un país como la Argentina donde las idas y venidas han sido moneda corriente.


Pero hay decisiones de gobierno de las que no se vuelve. O cuesta mucho hacerlo.
En los últimos años la Argentina está viviendo un proceso del que será difícil volver.
Concretamente: estamos hablando del país de los feriados.
O de los días que no se trabaja, que es lo mismo.
La demagogia de funcionarios de turno, sumado a la prédica de algunos sindicalistas que creen que todo son “reivindicaciones” está generando una cultura de la vagancia.
Un vago es algo peor que un flojo.
El flojo puede ser lento, poco apegado al trabajo pero el vago es irrescatable.
Y en esta Argentina nuestra  hay jóvenes que nunca vieron trabajar a sus padres.
¿Qué puede esperarse de un joven que no trabaja ni estudia pero que a su vez nunca vio  trabajar a sus padres?
¿Cuál es el concepto que se transmite a un estudiante al que, además de los feriados se le agregan seis u ocho días sin clases cada mes por huelgas ordenadas por los sindicatos?


Hablemos en números.
En nuestro país hay empleados que trabajan 44 horas semanales.
Y otros que no pasan de 36.
Sí, mientras un empleado de comercio trabaja ocho horas por día de lunes a viernes y cuatro los sábados, la administración pública –en los tres poderes del Estado- lo hace en horario corrido y no trabaja sábados ni domingos.

Pero además, tenemos los famosos feriados.

»Por un lado están los Feriados conmemorativos. Son aquellos que conmemoran fechas patrias (25 de mayo, 9 de julio, etc.).  Casi nadie dedica el día a recordar el hecho histórico o a asistir a un desfile. Lo que muchos sostienen es que si el argumento para sostenerlos es la conmemoración entonces el criterio para evaluar su conveniencia es el nivel de reflexión que generan. En muchas escuelas, incluso tampoco se dictan clases el día anterior pues es el día que se realiza el acto conmemorativo.

»Después tenemos los Feriados religiosos. Nadie discute feriados que forman parte de nuestras tradiciones, como el de Navidad, por ejemplo. Pero otros no son parte de un día para honrar las convicciones de los católicos sino un buen motivo para no trabajar. Y abarca a todos, sean o no católicos.

»Cada día tenemos más Feriados turísticos. En esta categoría entran los “feriados puente”  que no tienen ningún fundamento salvo que la gente descanse más o viaje (los pocos que pueden).


Escuche bien la cifra porque yo fui el primero que dije “no puede ser”, hasta que me puse a contar los días: la mayor parte de los argentinos no trabaja 121 días al año.
A eso deben sumarse los días de paro y los feriados especiales como los que se toman cada sector del mundo del trabajo.
¿Alguien calculó cuantos días de clase han tenido los universitarios sanjuaninos en lo que va del año?
¿Cuántos días no trabajaron los bancos? ¿Y el servicio de Justicia? ¿O el Estacionamiento Controlado?

Alguien puede argumentar: lo que no se haga hoy se puede hacer mañana.
En muchos casos es así.
En otros, no.
Por otra parte, las empresas –comercios, industrias– pagan alquileres por todo el mes, igual que los servicios y tasas municipales.
A diferencia de las vacaciones donde cada familia puede tomar la decisión en función de sus posibilidades, necesidades y tiempos los feriados resultan una imposición para todos a quienes se los fuerza a cesar sus actividades.


¿Qué ventaja trae obligar a descansar a quien no quiere hacerlo? Sin embargo, aún pagando los mayores costos que implica abrir un feriado muchos cuentapropistas y pequeños empresarios no podrían avanzar con su trabajo porque otros optaron por evitar trabajar. O porque los ómnibus casi no funcionan. O porque los gremios lo impiden.


Se dice que son feriados para alentar el turismo. ¿Cuántos son los argentinos que pueden tomarse tantas vacaciones? ¿Viene acaso turismo internacional por nuestros feriados o sólo es  un turismo de entrecasa? ¿Cuánto entra y cuanto sale de nuestra provincia por “el turismo inducido”?


Argentina se ubica como uno de los países con menor número de vacaciones para sus trabajadores pero es el país con más feriados del mundo.
La lógica nos indica que deberíamos disminuir los días de feriados y, a cambio, aumentar los días de vacaciones.
Abandonar los feriados implica un acto de madurez como país.
Pero no será fácil. Ya hay profesionales de altos ingresos que han decidido trabajar menos días para tomarse más vacaciones. Y lo mismo ocurre con comerciantes y algunos empresarios. El obrero, el empleado, el estudiante, difícilmente pueda viajar. El feriado es sólo para no trabajar.
El daño que están haciendo a la cultura del trabajo tanto los feriados como el reparto de planes asistenciales sin contrapartida de ningún tipo, sólo será cuantificable en el futuro.

 

 

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