Desde hace medio siglo nuestra ciudad creció sin transformarse. Y esto es grave. Todo ha sido especulación, establecimiento de barrios sin planificación alguna, crecimiento sin servicios que lo sostengan…
Las ciudades son como los individuos: viven en un proceso de permanente transformación.
Vamos a hablar de las transformaciones que ha sufrido una ciudad, la nuestra.
» Comencemos por la vieja ciudad fundada en 1562 por don Juan Jufré junto a las playas del río San Juan, en medio del desamparo, un suelo árido y rebelde carente casi de vegetación, sólo salpicado por aguaribays, retamos y jarillas. Esa ciudad en realidad fueron unas pocas chozas que apenas sobrevivieron treinta años, hasta que el río embravecido la hizo desaparecer.
» En 1593, el hijo del fundador, don Luis de Jufré y Meneses, decidió trasladarla 25 cuadras al sur. En realidad, todo da a entender que ya sus escasos moradores habían decidido el traslado antes de la gran crecida, cansados de vivir mojándose los pies.
» Nadie piense que ese simple traslado significó el nacimiento de una ciudad de rascacielos. Nada de eso. Según los pocos testimonios existentes, en 1776 San Juan era unas pocas quintas que cubrían espaciadamente desde Concepción hasta Trinidad y que se extendían por el oeste hasta Puyuta, que vendría a ser lo que hoy es Desamparados. Para el Este, las ciénegas cubrían lo que hoy es Santa Lucía.
» Llega la época patria y comienza a configurarse algo parecido a un casco urbano, con sus casonas de adobe con techos de caña y barro y sus anchas puertas de algarrobo o álamo. Esa ciudad que. transitaron Laprida y Fray Justo, en los años que nació Sarmiento, era pequeñísima, con calles carentes de árboles y acequias y baldíos hasta frente a la plaza principal –llamada Plaza Mayor-, que en realidad era un simple descampado que servía para todo: desde corridas de toros hasta juegos populares, procesiones o revistas militares.
» Llega el ferrocarril en 1885 y comienza una etapa de gran transformación. Nace lo que llamaríamos la ciudad. Se construyen casas con balcones (pocas), paredes con molduras, llegan maderas importadas. Las familias más ricas traen muebles de calidad y ya a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX empieza a configurarse un área urbana con edificios públicos (la casa de Gobierno, el Palacio de Justicia), salas de espectáculos y, alejados del centro, los grandes chalets que señalaban el nacimiento de una poderosa clase empresaria.
» Es en esta época cuando comienza la preocupación por los temas urbanos. Se instala en la zona céntrica el servicio de agua corriente, llega la electricidad, empiezan a funcionar los primeros teléfonos y con la llegada de los automóviles surge el interés por el mejoramiento de las calles, lo que obliga a la eliminación de las acequias que regaban los fondos de las casas y atravesaban las arterías y al adoquinado mediante piedras o maderas.
» La ciudad comienza a extenderse por sus cuatros costados y progresistas gobiernos planifican su desarrollo. Como nunca, en esos años que van desde el centenario hasta el terremoto de 1944, se construyen las rutas que unen la ciudad con Calingasta, a Jáchal con Iglesia, a San Juan con Mendoza, se hacen canales que permiten domesticar parte del desierto, surgen los puentes que posibilitan a los vehículos el paso del río todo el año y una red de vías férreas consolida un sistema de transporte ferroviario urbano y semi urbano que llegaba hasta el corazón en la ciudad.
» La tragedia termina con esa etapa. El terremoto tira por tierra ese San Juan mitad moderno, mitad colonial y hay que comenzar de nuevo. Y nace la ciudad moderna, con su arbolado, su línea de edificación, sus avenidas, sus barrios, su sistema de iluminación. Con sus debates a veces estériles, sus idas y venidas, lo cierto es que desde el terremoto hasta mediados de los años 60 fue la última vez que hubo planificación urbana en San Juan. Es la época que se construye desde el aeropuerto hasta el complejo cultural que tendría como centro al Auditorio, desde la Avenida de Circunvalación hasta la Avenida Central.
» A partir de esa fecha -¡Y ha pasado medio siglo!- la ciudad creció sin transformarse. Y esto es grave. Es como un niño que adopta forma de hombre pero mentalmente sigue en los 12 años. Todo ha sido especulación, establecimiento de barrios sin planificación alguna, crecimiento sin servicios que lo sostengan.
Han aparecido fenómenos nuevos como el crecimiento espectacular de la zona urbana que va transformando el paisaje rural, el nacimiento de las radicaciones marginales, la construcción de barrios que tienen más habitantes que algunos departamentos, la desaparición del ferrocarril, la llegada de los hipermercados, los barrios cerrados, el increíble desarrollo de la informática, el entremezclado de oficinas públicas, viviendas, comercios y áreas de diversión que transforman la vida en un caos, decenas de miles de automotores que se superponen con patrulleros, ambulancias, ómnibus, motos y bicicletas…
Nos falta agua en verano, se corta el suministro de electricidad al primer viento, hasta no hace mucho dos tercios de la población no tenía cloacas –el único sector donde se ha trabajado muy bien, ya que pronto el 80 por ciento de los sanjuaninos tendrá ese servicio-, las bolsas de los supermercados y las botellas de plástico decoran el paisaje, la delincuencia asola el centro y los barrios, hay zonas donde no llega internet ni la telefonía celular...
Y ante todo esto, la planificación urbana no exhibe desde hace cincuenta años conceptos nuevos. Todo sigue igual. Como si nada pasara.
Al extremo que muchos nos preguntamos: ¿existe la dirección de Planeamiento? ¿A qué se dedica? ¿La conduce gente idónea? ¿No sería bueno que se la elevara al rango de ministerio o mejor, que se le diera autonomía y autarquía para que nadie pueda influir en sus decisiones?