Un hecho ocurrido la semana pasada pinta a las claras por qué aumentan los casos de vandalismo urbano. Un problema que no se resuelve con más policías, serenos o guardianes.

Estaba de viaje y una noticia procedente de San Juan me llamó la atención:
“Una mujer y un bebé resultaron heridos después de que vándalos atacaran a piedrazos un colectivo en San Juan”, decía la información. Y agregaba:
“En la noche del miércoles, un colectivo de larga distancia que venía con pasajeros fue blanco del vandalismo. Una piedra fue arrojada desde el lateral de la Ruta 40 y calle 5 en Pocito y atravesó la unidad provocando heridas en tres pasajeros, entre ellos un bebé de poco más de un mes de vida.
El colectivo salió de Mendoza a las 19.45 y estaba previsto que llegara a la terminal de San Juan a las 22. Luego seguiría rumbo al norte. Tras lo sucedido, el móvil fue directo al Servicio de Urgencias del Hospital Rawson donde los pasajeros heridos fueron atendidos”.


El artículo recordaba que “el pasado 15 de abril un hombre de 69 años viajaba en colectivo hacia Catamarca cuando, en Las Chacritas, 9 de Julio, desconocidos rompieron a pedradas los vidrios y le provocaron la pérdida de un ojo. El 28 de ese mes, el herido, Alberto Verdeguer, de 69 años, no puedo resistir y murió en una clínica privada de Capital”.


Lo confieso, me preocupa el creciente vandalismo urbano.
¿Sabe?
Vándalos siempre hubo.
No es, entonces, un problema de “la modernidad”.
Pero hoy corremos un riesgo mayor: que los vándalos se transformen en dueños de la ciudad.
Y esto puede ocurrir porque hay gente que cierra los ojos. Y otros, lisa y llanamente, son cómplices de lo que ocurre.

»¿Alguien puede dudar que es vandalismo lo que está ocurriendo en las escuelas con bandas que entran de noche o los fines de semana, destrozan vidrios y sanitarios, pintan leyendas agresivas ú obscenas y hasta defecan en las aulas?

»¿Puede considerarse “un tema menor” que los canastos de plástico para tirar los papeles en la vía pública estén fuera de uso?. ¿Es admisible la cantidad de contenedores que se han incendiado en los últimos tiempos?

»En las rutas es lamentable el estado de las señales. Algunas fueron arrancadas. Otras usada de blanco para practicar puntería con balas o piedras.

»Es común ver a gente que tira bolsas de basura en baldíos o al costado de rutas

»Ni hablar de la cantidad de frentes con leyendas escritas con aerosoles.


¿Qué significa todo esto? ¿El regreso a los tiempos de la barbarie? ¿El fracaso de la educación escolar y familiar? ¿El síntoma más evidente de broncas acumuladas en la población?

Que lo expliquen los sociólogos y los psicólogos sociales.

Aunque puede haber una mezcla de todo esto, estamos convencidos que hay una causa principal: vivimos en una sociedad donde reina la impunidad.
Y, lo que es más grave, una impunidad que en este caso responde
a ideologías, tonteras y populismo.


De a poco, hemos ido creando una cultura que considera que estos hechos vandálicos, que a todos nos afectan, que disminuyen nuestra calidad de vida, “son cosas de niños”. Nadie los denuncia. Y si los denuncia, nadie hace nada.

La destrucción o robo de elementos que son parte del patrimonio común es una realidad mucho más compleja de lo que parece, ya que estos vándalos no siempre son marginales, ni angustiados desempleados, sino que hay también adolescentes de clase media y alta e inclusive adultos.


¿Qué lleva a una persona a romper el tobogán o un banco de plaza o destruir un cantero con flores?
Los que han estudiado el tema dicen que hay dos motivos que llevan a cometer este tipo de delitos.
1 – Se trata de muchachones y también chicas que estando ebrios y aburridos de la vida no saben qué hacer y usan al vandalismo urbano como pasatiempo.

2 - El segundo grupo está compuesto por adictos o delincuentes que comete los hechos con el fin de robar. Así, rompen un parabrisas para asaltar a quienes transitan en un vehículo o dejan sin telefonía o electricidad a un barrio para vender los cables o arrancan las placas de los monumentos para comercializar el metal.


Independientemente de los motivos lo concreto es que estos hechos navegan entre el delito y la contravención en una forma por demás peligrosa.
¿Por qué no se actúa entonces? Leyes no faltan.
Digamos que cuando se trata de simples contravenciones, la ley 7819 dice, textualmente:

Artículo 187.- Perjuicio a la propiedad pública o privada. Será sancionado, conjunta o alternativamente, con pena de multa de hasta quinientos jus (500 J) y/o arresto de hasta quince (15) días:

1º) El que apedree, manche, deteriore esculturas, relieves, pinturas o cause un daño cualquiera en las calles, parques, jardines, paseos, alumbrado, redes de cualquier servicio público, objetos de ornato de pública utilidad o recreo, aún cuando pertenezcan a particulares.
2º) El que ensucie, raye o cause cualquier depredación a un automóvil u otra clase de vehículo en la vía pública o en marquesinas, vidrieras de comercios o placas de particulares.
3º) El que en lugares públicos, puentes, monumentos, paredes de los edificios públicos o de casas particulares, fije carteles, estampas, escriba o dibuje cualquier anuncio, leyendas o expresiones, sin licencia de la autoridad o del dueño, en su caso.
4º) El que despoje, saquee, sustraiga, ponga en peligro de pérdida, desaparición o destrucción total o parcial de los bienes que integran el patrimonio cultural o natural de la Provincia o que perturbe su función social, de conformidad a la legislación específica en la materia, siempre que el hecho no constituya delito.-
En el caso de los delitos, las penas aun son mayores.



Le pregunté a un juez de faltas cuantos casos han sido esclarecidos y condenados los autores. Una sonrisa fue la única respuesta.

¿Y…? ¿Qué hacemos? ¿Cerramos los ojos?
No nos engañemos. Esto no se resuelve con más policías, serenos o guardianes. Se resuelve con penas. Que no tienen por qué ser de cárcel.
¿Cuánto vale un banco de una plaza? ¿Mil pesos? Quienes lo rompieron deberán pagar 2 mil pesos. Y si no pueden pagar, los autores o los padres por no tener ingresos, deberán trabajar sesenta días haciendo monda de acequias, limpiando banquinas, plantando árboles.
Esta es la única forma de lograr que la misma familia se transforme en un factor de contención para tanta idiotez concentrada en mentes, que pueden ser jóvenes pero que están enfermas.
Pero, claro, hace falta decisión política para que se investiguen quienes son los vándalos. Y decisión para actuar sea un “nene bien” o un chico indigente.



Volví a San Juan y pregunté si había algún detenido por el atentado contra el ómnibus.
Un colega me dijo: “al único que han escrachado y amenazado con denunciarlo al INADI  es al ministro de Gobierno porque dijo que el ataque con piedras era cosa de indios”.
El ministro pidió disculpas.

 

 

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