Me decía un amigo:
—Puse un aviso ofreciendo un trabajo. Se presentaron 139 personas.

Me decía un amigo:  
—Puse un aviso ofreciendo un trabajo. Se presentaron 139 personas.
—Muchos…
—Te aclaro. La gran mayoría de ellos no tenían calificación laboral alguna. Otros, hacía varios años que no trabajaban y se sostenían con planes sociales. Y varios tenían hasta títulos universitarios pero de carreras que poco tenían que ver con el mundo productivo.
Tras escuchar a mi amigo recordé algo que dijo Alvin Toffler, el futurólogo más leído y seguido del planeta: “En el mundo moderno, aunque hubiera diez puestos de trabajo por cada trabajador parado; aunque se crearan diez millones de puestos de trabajo y sólo tuviéramos un millón de desocupados, la desocupación se mantendría. Porque los trabajos disponibles en el mundo moderno no pueden desempeñarse al menos que se tenga una capacitación —conocimientos— acorde a las exigencias técnicas de los nuevos puestos”.

Los trabajadores más requeridos hoy en los EE.UU. y en Europa son: asistentes en terapia correctiva, de trabajo social y ayuda humanitaria, ayudantes para el cuidado personal en el hogar, cocineros o “chefs”, conductores de camiones (carga pesada y liviana), diseñadores gráficos altamente especializados, enfermeros universitarios, editores de publicaciones electrónicas, especialistas en soporte de computación, guardias de seguridad, administradores de bases de datos, analistas de procesamiento de datos, analistas de sistemas de computación, asistentes administrativos en general, mecánicos de automotores, obreros en jardinería y paisajismo, terapistas físicos y respiratorios y vendedores de productos al menor
En todos los casos se trata de especialidades u oficios que demandan estudios terciarios o universitarios.

Los empleos más demandados en la Argentina, de acuerdo a un relevamiento realizado por especialistas en recursos humanos, provienen del sector minero y la industria de alta complejidad y entre los perfiles más requeridos están los ingenieros expertos en Petróleo y Gas y los geólogos. Asimismo, las empresas del área de Alta Tecnología y Comunicaciones demandan programadores y arquitectos de sistemas, mientras que los laboratorios buscan asiduamente profesionales en Marketing y Ventas.
Por su parte, la industria en general continúa requiriendo ingenieros de todo tipo y el área de informática ha tenido un crecimiento anual de 20%, lo que representa miles de puestos de trabajo y se estima será la que más empleo generará en los próximos 50 años.
A este panorama hay que agregar el de las enfermeras universitarias y los acompañantes terapéuticos.
Y este es el problema que enfrentamos hoy los sanjuaninos en particular y los argentinos en general. Faltan empleos y al mismo tiempo sobran. Hay miles de personas sin calificación laboral y para ellos, cada día, hay menos posibilidades de conseguir un trabajo.
Ya no basta con la construcción de un dique, no alcanza con hacer un gran barrio. No es suficiente la promoción agrícola e industrial.
Una gran obra pública puede dar trabajo a cinco mil personas y terminar por un tiempo el problema de la desocupación en San Juan.
Pero las empresas ya no contratan a un obrero sin especialización. Necesitan albañiles, herreros, carpinteros, encofradores, azulejistas….
Y lo mismo pasa en el campo. Hoy el obrero rural debe saber podar con técnicas modernas, manejar sistemas de riego, solucionar problemas de una bomba, manejar un tractor. No es cierto que aumentando diez mil hectáreas la producción agrícola habrá trabajo para todos.
Si a la falta de capacitación agregamos que muchos de los que perdieron sus empleos en la crisis del año 2000 han perdido también la disciplina y la cultura del trabajo, advertiremos que no será fácil reinsertarlos en el mundo laboral.

Y acá aparece la gran pregunta: ¿Deberá el Estado mantener de por vida a estas personas?
¿Deberemos conformarnos con un paisaje poblado de vendedores ambulantes de baratijas, motochorros, barrabravas, piqueteros profesionales y aplaudidores de actos políticos?
La reinserción laboral de toda la gente en edad de trabajar es un tema central de nuestros días. Un problema que debe ser prioridad del ministerio de Desarrollo Humano, del ministerio de Educación, del ministerio de la Producción, de los sindicatos, de las entidades empresarias y, en general, de todos.
Este es un  tema crucial para una sociedad agobiada por una mezcla de delincuencia cada día más violenta, gente que recibe dinero del Estado sin contraprestación alguna, impunidad delictiva y marginalidad. Todo sostenido por un aparato productivo cada vez más condicionado  por una mayor carga impositiva cuyo fin pareciera ser sostener planes sociales interminables.
En el futuro, seguramente nos parecerán infantiles los grandes debates de hoy entre los autodenominados “garantistas” y “no garantistas”. O entre “discriminadores” e “inclusores”.
Y alguien dirá:
—Mirá en las pelotudeces que perdían el tiempo nuestros dirigentes en lugar de preparar a la gente para reinsertarlas laboral y socialmente.

 

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